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Suscribirme gratis¿Qué historia te contó tu mente esta mañana, y qué cambiaría si la escucharas como una voz más y no como un veredicto?
En la Terapia de Aceptación y Compromiso se llama defusión cognitiva a la capacidad de mirar un pensamiento en lugar de mirar desde adentro de él. Cuando estamos fusionados, la idea «voy a fracasar» no parece una idea: parece un hecho, el paisaje entero. Cuando nos defusionamos, el pensamiento sigue ahí, pero lo vemos por lo que es: palabras que una mente pasa por la cabeza, a veces útiles, a veces viejas.
Esto no es pensamiento positivo ni una pelea con la mente. Intentar convencerte de lo contrario suele darle más combustible al conflicto. La defusión propone algo más amable: dejar que el pensamiento hable y, aun así, decidir qué hacer con tus manos, tus pies y tu día. Es la diferencia entre viajar en un tren sin ventanas y sentarte junto a la ventanilla a ver pasar el paisaje.
Pensá en alguien que antes de una reunión se dice «seguro lo arruino todo». Fusionada con esa frase, quizás cancela, o entra temblando y convencida. Con defusión, en cambio, puede notar: «ahí está mi mente con su guion de siempre», agradecerle la intención de cuidarla —las mentes quieren protegernos— y entrar igual a la sala. El miedo puede venir de pasajero, no de conductor.
Hay algo luminoso en todo esto: no necesitás limpiar tu mente para empezar a vivir como querés. Tu libertad no está en pensar solo cosas lindas, sino en el espacio que se abre cuando te das cuenta de que estás pensando. Hoy ese espacio puede durar un segundo, y alcanza para elegir.
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