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Suscribirme gratis¿Qué cambiaría en tu domingo si "suficientemente bien" fuera de verdad suficiente?
Donald Winnicott, pediatra y psicoanalista inglés, observó algo que alivia: los bebés no necesitan una madre perfecta, necesitan una "suficientemente buena". Una que acierta muchas veces, falla otras tantas y repara. Esas pequeñas fallas, lejos de dañar, le enseñan al niño que el mundo es habitable: que algo se desajusta y se puede volver a encontrar.
De adultos solemos cargar con un criterio mucho más duro que ese. Nos hablamos como si cada día fuera un examen y cada error, una prueba en nuestra contra. Kristin Neff, que estudia la autocompasión, muestra que tratarse con amabilidad no baja la vara: las personas que se hablan con calidez suelen recuperarse mejor de los tropiezos y se animan más a intentarlo de nuevo. El miedo a fallar paraliza; la ternura da espacio para volver a probar.
Pensá en un domingo cualquiera: hacés una tortilla de papas y se te rompe al darla vuelta. Podés decir "arruiné todo" o podés decir "igual va a estar rica". Es la misma tortilla, pero no es la misma tarde. Lo que cambia no es el resultado, sino el clima interno en el que lo comés, y ese clima también es parte de lo que alimenta.
Ser suficientemente bueno no es conformismo ni resignación. Es dejar de exigirte la perfección para poder estar de verdad en lo que hacés y con quienes querés. Hoy, en este día sin apuro, probá ser para vos la persona que repara en lugar de la que juzga. Quizás descubras que, con esa mirada, ya hay mucho que está bastante bien.
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