«Una vida plena no es la que está libre de dolor. Es la que se construye a pesar de él, en su nombre, porque detrás del dolor siempre hay algo que amás.»
Reflexión
¿Qué dolor estás evitando que, si lo atravesaras, te acercaría a una vida más plena?
Para profundizar
La Terapia de Aceptación y Compromiso, desarrollada por Steven Hayes y sus colegas, parte de una observación que alivia: el dolor y lo que valoramos comparten raíz. Duele la ausencia de quien querías, el proyecto que no salió, la conversación pendiente, justamente porque te importan. Visto así, el dolor deja de ser un intruso sin sentido y se vuelve una especie de mapa de tu cariño: señala dónde está lo que amás.
El problema aparece cuando intentamos no sentir. ACT lo llama evitación experiencial: esquivar pensamientos, recuerdos o emociones incómodas aunque el precio sea una vida cada vez más chica. El alivio llega rápido, dura poco y se paga con lugares que dejamos de pisar. La propuesta no es aguantar a pura fuerza de voluntad, sino algo más amable: disposición. Hacerle lugar a la emoción como a una visita incómoda que se sienta en tu living, sin entregarle las llaves de la casa.
Pensá en Lucía, que dejó de ir a la pileta del barrio después de separarse, porque siempre iba con su pareja. Cada domingo sentía una puntada en el pecho al pasar por la puerta, y evitarla le daba calma. Pero también le quitaba el agua, que amaba desde chica. Un domingo entró y nadó unos largos, y la tristeza fue con ella. No se fue, pero tampoco mandó: Lucía sintió la tristeza y, a la vez, el agua tibia, el cuerpo en movimiento, un pedazo de sí misma que volvía.
Los valores, en ACT, funcionan como una brújula, no como una meta que se tacha. No hace falta resolver el dolor para empezar a caminar hacia ellos: se camina con él, y muchas veces el trayecto mismo lo va transformando. ¿Cuál sería, en tu vida, esa pileta que te espera?
Práctica del día
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