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Suscribirme gratis¿Con quién sentiste por primera vez que podías ser vos sin esforzarte, y qué te diría hoy si te viera salir a esta mañana?
John Bowlby llamó "base segura" a la persona desde la cual un niño se anima a explorar el mundo, porque sabe que puede volver. Lo hermoso es que esto no es solo cosa de la infancia. Los adultos también exploramos mejor, arriesgamos más y nos equivocamos con menos vergüenza cuando sentimos que alguien está de nuestro lado.
La psicología del apego muestra además que esos vínculos se internalizan. Con los años, la voz que nos calmaba se vuelve una voz interior. Si tus cuidadores fueron imperfectos, como casi todos los que tuvimos, es muy probable que igual haya habido alguien: una tía, un profesor, una vecina, un amigo de la adolescencia. A veces un solo vínculo seguro alcanza para sembrar algo que dura décadas. Y si no encontrás a nadie en tu memoria, no estás condenado a esa ausencia: podés empezar a ser esa presencia para vos, como propone Kristin Neff con la autocompasión.
Pensá en una escena cotidiana. Estás por entrar a una reunión que te pone nervioso. En lugar de repasar todo lo que podría salir mal, recordás a tu abuelo diciéndote "andá tranquilo, que acá te espero". El cuerpo lo registra: los hombros bajan un poco, la respiración se ensancha. El nervio no desaparece, pero deja de estar solo, y eso cambia mucho la manera de atravesarlo.
Hoy podés dejar que esa memoria sea compañía y no solo recuerdo. Salir a la mañana con alguien adentro, con alguien que cree en vos, es una forma silenciosa de coraje.
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